Salmos 18:35
Día 21
Devocional escrito por Natalia
Zamora
Salmos 18:35 Me diste… el
escudo de tu salvación…
Hay muchísimas películas de guerra,
de época medieval en la que muestra cómo se vivía la guerra desde adentro.
Muchas veces pensé en la valentía y
convicción que tenían para pelear hasta la muerte.
Desde niños eran entrenados para
ello.
En esa época la guerra era
distinta, cuerpo a cuerpo y los métodos de defensa eran otros.
Al leer La Palabra lo primero que
pensé fue en esto.
En la armadura y defensa de esos tiempos, es más, Dios en Su Palabra, que siempre es simple y práctica, da el ejemplo de como un creyente debe armarse para la Guerra Espiritual.
Efesios 6:10- 18 Por lo demás,
hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su
fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar
firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos lucha contra
sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los
gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de
maldad en las regiones celestes. 13 Por tanto, tomad toda la armadura
de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo,
estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la
verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15 y calzados los
pies con el apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el
escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del
maligno. 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del
Espíritu, que es la palabra de Dios; 18 orando en todo tiempo con
toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia
y súplica por todos los santos;
Nombra cada parte de La Armadura
que se usaba en ese tiempo:
Ø Ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de
justicia. vs 14
Ø Calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. vs 15
Ø Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los
dardos de fuego del maligno. vs 16
Ø Tomad el yelmo de la salvación. vs 17
Ø Y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. vs 17
Todas las partes de la Armadura son importantes, pero resalta diciéndonos:
SOBRE TODO TOMAD EL ESCUDO DE LA FE
¿Por qué es tan importante el escudo? Porque antiguamente en época de guerra, lanzaban flechas, entre otros objetos, encendidos en llamas para que no solamente hiera la flecha, sino que queme, hasta llegarles a encender la vestimenta y asegurarse de una muerte segura.
Al levantar el escudo, no permitían
que llegaran a dañarlos, y muchas veces se peleaba con escudos más grandes, que
no tapaban a una sola persona, sino a varias, y les daba la facilidad de no
solamente defenderse, sino que al cubrir al compañero, éste contraatacaba.
En muchas partes de La Biblia se
nombra a Dios como nuestro Escudo, como nuestro Protector.
Es la primera Promesa que Dios nos
hace, que, al ser Sus Hijos, Él no nos dejara solos.
A veces pienso que sería de mi
vida, si no contara con la Protección de Dios, si no tendría Sus Promesas.
David sabia Quien era Dios en su
vida.
Si leemos todo el Salmo 18 podemos ver como se sentía al ser perseguido
por su enemigo Saúl.
Llega a decir que ligaduras de
muerte le rodeaban, literalmente su vida corría riesgo de muerte.
¿Y quien era el que se lo provocaba? Ni más ni menos que su rey, que, en su momento decía ser un hombre que conocía de Dios.
Salmos 18:35 Me diste… el escudo de tu salvación…
Esta Palabra es hermosa para
estudiarla, atesorarla.
Pero podemos destacar que:
Ø En las guerras cotidianas y en las permitidas por Dios para mostrar Su Poder, debemos acudir a Él, a Su Ayuda, a Su Protección. Creerle con todo nuestro corazón y refugiarnos en Su Cuidado.
Ø No estamos solos para pelear. Si bien hay guerras y en la mayoría,
debemos librarlas nosotros, también siempre hay un Hermano en la fe o varios, peleando en
silencio por nuestras vidas. Debemos aprender que solos no podemos hacer todo solos.
Ø Cuando mi Hermano está peleando y sufre heridas por la batalla y los golpes de la vida, debo levantar el escudo para cubrirlo mientras se levanta para seguir peleando.
Ø Debemos entender que nuestra guerra no es contra personas, sino contra fuerzas espirituales de maldad que nos quieren destruir.
Todos los días vamos a ser
tentados, el enemigo nos va a juzgar, vamos a tener alguna situación adversa,
pero aprendamos:
A NO EXALTAR LA PRUEBA, A NO TEMER A LA LUCHA,
SINO POSTRARNOS ANTE DIOS Y PEDIR SU AYUDA.