Salmos 51:10
Día 30 Devocional escrito por Guadalupe Infràn de Medina Celis Salmos 51:10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mi. Cuando David ora, está pidiendo a Dios que lo perdone. El subtítulo del Salmo 51 nos explica la dirección: “Salmo de David, cuando después que se llegó a Betsabé, vino a él Natán el profeta”. Veamos un poquito de la historia (lo invito a que lea todos los capítulos) 2 Samuel 11 cuenta la trágica historia. El rey David vio a Betsabé, una mujer casada, y la deseó. Ideó toda una estrategia para lograr complacer su deseo. Tiempo después, ella le notificó que estaba embarazada de su hijo. Ese hijo muere. Luego David se casó con ella. Obviamente, David no tenía un corazón limpio después de esto. Había cometido adulterio y posiblemente violación, ya que el lenguaje utilizado en este caso también se usa para la violación. Su invitación a Betsabé y el hecho de acercarse a ella (en este caso era adulterio, pecado) fue ciertamente un abuso de la autoridad real. Luego cometió el engaño y finalmente el asesinato del esposo de esta mujer. Que era su mejor hombre en la guerra, corrompiendo a otros también. Cuando todo estaba hecho, pensó que había logrado encubrirlo y destruir todas las pruebas. La última frase de 2 Samuel 11 nos dice: Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos del Señor. En 2 Samuel 12, el Profeta Natán se enfrenta a David. Lo hace por medio de una parábola con la que David podía identificarse. Habló de un hombre rico que se aprovechó de un hombre pobre robándole su única corderita, la cual mató para alimentar a sus invitados. David se enfureció y exclamó: 2 Samuel 12:5-6 … Vive el Señor, que el que tal hizo es digno de muerte. 6 Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia Entonces Natán le dijo a David: 2 Samuel 12:7¡Tú eres aquel hombre! Aunque David había tratado de ocultar su pecado, éste lo carcomía por dentro, sabía que necesitaba un corazón limpio. Cuando David terminó de intentar ocultar su pecado, lo confesó libremente. Su petición es simplemente otra forma de pedir perdón y limpieza espiritual. Contiene la “faceta poética” del Rey David pidiendo perdón y limpieza. Observemos y consideremos que David era Rey, elegido y lo relata la Biblia: “un hombre conforme al Corazón de Dios”. ¡¡Si!! Ese David que había derrotado al gigante, elegido por sus grandes victorias. Ese David que se equivocó, pero que RECONOCE su error y va delante de Dios a humillarse, a pedir perdón y restauración. Y DIOS ES TAN GRANDE Y MISERICORDIOSO, que vio su corazón desesperado y lo perdonó. Perdonó su humanidad, su pecado. Pues, donde hay pecado, el Espíritu de Dios no está. ¡Me imagino a David, ese guerrero, valiente, sintiéndose morir por fallarle a Su Padre que le había concedido todas las proezas! Qué débiles somos cuando no buscamos a Dios. Porque le damos lugar a nuestra carne, a los deseos, y estos afloran, y el enemigo que no es lerdo ni perezoso, toma ese lugar, está a la expectativa y si le permitimos, logra su cometido. Por eso... ¡NO DESVIEMOS NUESTRA MIRADA, NO ENSUCIEMOS NUESTRA VIDA, NUESTRO TESTIMONIO, LO QUE AL SEÑOR LE LLEVÓ AÑOS CONSTRUIR, Y VALIÓ SU SANGRE, POR SATISFACER NUESTRO PECADO! ¡ESPÍRITU SANTO, AUXILIANOS EN TODO MOMENTO! ¡Y DANOS VALOR PARA RENUNCIAR A TODO LO INMUNDO, AUN LO OCULTO, PORQUE TODO TÙ LO VES! El pecado no es solo adulterar, es mentir, es prometer y no cumplir, es pensar mal, es decir malas palabras, es robar... ES TODO LO QUE A DIOS OFENDE, PORQUE NO ESTÀ EN SU VOLUNTAD. Y Dios nos dice y demanda ¡SEAN SANTOS PORQUE YO SOY SANTO! Siempre nuestros actos malos o buenos, tendrán consecuencias. Y David las sufrió: su hijo Amnón abusó de la hermana Tamar, luego llegaron problemas a su reino, su hijo Absalòn intentó derrocarlo, tenía hijos por todos lados, pero no los terminaba de conocer, sufrió traición y deslealtad… ¡Pero Dios siempre nos da oportunidades! El Salmo 32 relata el gran alivio que sintió David cuando confesó su pecado, y ese proceso, lo llevó a palpar la Gran Misericordia de Dios, y nos enseña a tomar esa actitud: 1 Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. 2 Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. 3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. 4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. 5 Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. 6 Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán estas a él. 7 Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; Con cánticos de liberación me rodearás. 8 Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos. 9 No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, Que han de ser sujetados con cabestro y con freno, Porque si no, no se acercan a ti. 10 Muchos dolores habrá para el impío; Más al que espera en el Señor, le rodea la misericordia. 11 Alegraos en el Señor y gozaos, justos; Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón. Pablo se refiere también al Salmo 32 como ejemplo de salvación sin obras: Romanos 4:6-8 Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, 7 diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos. 8 Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado. David fue perdonado no por las obras que hizo para ganar el perdón, Sino simplemente porque pidió con fe. Por el Sacrificio de Cristo, cualquier pecador puede pedirle a Dios el perdón, es decir, un corazón limpio. El Apóstol Juan también nos dice: 1 Juan 1: 8-9 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. 9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. A pesar de todo lo que hizo David, y de todo lo que hacemos nosotros, Dios está dispuesto a perdonar porque Jesús pagó la pena que merecemos. No importa lo sucios que estemos, Dios puede crear en nosotros un corazón limpio. No es tarde para ir a Sus Pies... Todos los días necesitamos decir: “Perdóname Señor”. Él TE AMA, ME AMA... Y ESE AMOR NOS ENSEÑA TODOS LOS DÍAS.