Salmos 66:20
Día 13
Salmos 66:20 Bendito sea Dios, Que
no echo de sí mi oración, ni de mí su misericordia.
La oración es definida como una conversación con Dios. Es un
recurso usado para expresar devoción, fe o encontrar ayuda en tiempo de
desafíos.
La oración es el medio principal para hablar con Dios, y
también una de las maneras que Él tiene para enseñarnos.
Cuando oramos, estamos pidiendo al Señor y confiando en su
respuesta.
De este modo, aprendemos a escucharle y a esperar su
contestación.
A Dios le agrada que por medio de la oración le comuniquemos nuestras alegrías y nuestros problemas, pues le interesa que confiemos en Él.
El
Padre celestial anhela tener una relación estrecha con Sus Hijos.
El tiempo dedicado a la comunicación con Dios es la mejor manera de crecer en intimidad con Él.
David, el salmista, tenía esta experiencia en oración, dependía
de esa comunicación constantemente.
Pero David también conocía que si nuestra vida no estaba
ordenada conforme Dios determinaba, era imposible que Él atendiera su ruego.
Salmos 66:18 Si en mi corazón hubiese yo mirado
a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado.
Cuán importante es
entender que nuestro Dios Santo, no puede alinearse o estar de acuerdo con un
pecador.
El pecado nos separa
de Su Presencia.
Es básico saber esto,
puede pensar la mayoría de los creyentes, pero en la práctica muchos que se encuentran
cometiendo pecados creen que Dios les escucha.
Hasta se ha hecho común
decirle a personas que jamás han tenido un acercamiento a Dios, que oren que Él
les escucha, debemos explicarles correctamente lo que dice en Su Palabra, para
que no haya impedimentos a la hora de llamar al Cielo.
Por La Palabra encontraremos los obstáculos que impiden que Dios escuche nuestra oración:
* El pecado
Isaías 59:2 pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro
Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír
El pecado, la iniquidad, las trasgresiones, desobediencias a la Voluntad de Dios, en la vida de las personas ponen un muro entre ellos y Dios. Cuando Sus Hijos pecan también se produce esa separación, no importa que se congreguen o cuanto conozcan de La Biblia, el pecado ofende la Santidad de Dios, y debido a esa barrera, ya no pueden experimentar el favor, la protección, la ayuda ni la salvación de Dios.
*La incredulidad, la falta de fe
Hebreos 11:6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
Pero, ¿Qué es la fe? Se trata de una convicción
profunda, la creencia, en la que se basa la relación del hombre con Dios, con
los sentimientos de confianza y fervor que emanan del corazón de quien ama a
Dios. La relación con Dios requiere
fe.
En el texto bíblico se muestra una relación entre la fe y el agradar a Dios.
Ese agradar a Dios significa el causar placer al corazón de Dios
Del mismo modo, Dios desea que nos acerquemos a Él con fe.
Es
un requisito. Y es algo que agrada a Dios.
Ciertamente que la fe no es algo que tenga todo el mundo, y
muchas veces se confunda con obras, o con actos de servicio a Dios, pero eso no es fe.
La fe es asunto del corazón. De creer, de convicción, y por supuesto de acción
*La idolatría
Ezequiel 14:3 Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han
establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro. ¿Acaso he de ser yo
en modo alguno consultado por ellos?
Dios condenó a los ancianos por adorar ídolos en sus
corazones y luego atreverse a venir al profeta de Dios en busca de consejo.
En lo externo parecía que adoraban a Dios. Hacían visitas
regulares al templo en donde ofrecían sacrificios, pero no eran sinceros.
Resulta muy fácil para nosotros criticar a los israelitas por
adorar ídolos cuando era tan claro que necesitaban a Dios.
Sin embargo, también en estos tiempos, entre nosotros hay quienes tienen ídolos en sus corazones, desde imágenes a las cuales no han renunciado y recurren cuando se acuerdan o tienen “nostalgia del pasado”, hasta idolatría por el trabajo, ambiciones personales, la riqueza, su esposa/o, hijos, deportistas, artistas, etc…en sus corazones ocupan el lugar, la intensidad y el compromiso que deberían ser reservados solo para Dios.
*La falta de perdón
Marcos 11:25-26 Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para
que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras
ofensas. 26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro
Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.
Cuando vaya ante Dios en oración, pídale que examine su
corazón y su mente.
Vea si hay alguna falta de perdón que esté bloqueando sus oraciones y afectando su relación con Él. La otra persona pudo haber estado mal, tal vez le hirió profundamente, pero no hay nada en esta tierra que valga la pena perder su paz y la comunión con Dios.
· * La mala relación entre esposos
1 Pedro 3:7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente,dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.
Un
esposo habita con su esposa, verdaderamente vive con ella y la honra,
no es compartir una casa solamente.
Para
verdaderos creyentes la oración es tan importante que debe observar cualquier
cosa que esté mal, para corregirla urgentemente, evitando que la oración sea
obstruida por ello.
Pedro
enseña que el varón debe obrar sabiamente aceptando a su esposa como un vaso frágil,
como una Hija de Dios, claro que el respeto debe ser mutuo.
Y
ante alguna discordia o pleito remite la urgencia de arreglar la situación pues
para los esposos eso generaría un estorbo para que las oraciones sean recibidas
por Dios.
· * La falta de generosidad
Proverbio 21:13 El que cierra su oído al clamor
del pobre, También él clamará, y no será oído.
El hecho de que el versículo nos mencione
específicamente la acción de cerrar los oídos nos indica que hay una falta de
interés en escuchar a los demás.
Si no estamos dispuestos a escuchar a los más
necesitados, estamos dando por sentado que nuestras necesidades son más
importantes que las de ellos.
De esta manera, se pierde la empatía y se
construyen barreras en lugar de puentes para ayudar y hacer una diferencia en
la vida de los demás.
Y esas barreras nos sólo se levantan entre
personas, sino también ante Dios porque esa actitud no condice con los valores
cristianos.
Del mismo modo que no escucha, él tampoco será escuchado
por Dios.
Toda desobediencia es reprobada por El Señor, aleja
de Dios.
*No atender al consejo
Proverbios 28:9 El que aparta su oído para no
oír la ley, Su oración también es abominable,
Dios
quiere que siempre tengamos un oído abierto y atento hacia Su Palabra (la ley). El que aparta su
oído para no oír la ley demuestra no tener
hambre de la Palabra de Dios, el no
prestarle atención es un signo de irrespetuosidad y frialdad espiritual en un Hijo de Dios.
Esto debe ser un
llamado de atención, cuando somos indiferentes, descuidados, irrespetuosos a la
ley de Dios, esa actitud convierte nuestra oración en abominable, es decir
desagrada profundamente al Señor.
Todos nosotros, Hijos de Dios, podemos dar testimonio de los Hechos
Poderosos de nuestro Buen Dios, y la mayoría de ellos son respuesta a nuestras
oraciones.
El poder hablar con nuestro Dios Todopoderoso es un
privilegio, el tener ese acceso que nos ha brindado Cristo es nuestra decisión,
indudablemente Dios está siempre esperando que podamos acercarnos a orar, pero
debemos quitar los obstáculos, los estorbos que quieren impedir que nuestras
oraciones lleguen a Dios.
David, el salmista, nos deja una bella enseñanza, si queremos que
Dios nos escuche,
Atendamos a su testimonio y experiencia.
Y agradezcamos porque, ciertamente Dios nos
escucha, atiende a nuestra súplica.
Salmos 66: 16-20 Venid, oíd todos los que teméis a Dios, Y contaré lo
que ha hecho a mi alma. 17 A
él clamé con mi boca, Y fue exaltado con mi lengua. 18 Si en mi corazón hubiese
yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado. 19 Mas ciertamente me
escuchó Dios; Atendió a la voz de mi súplica. 20 Bendito sea Dios, Que no echó de sí mi oración, ni
de mí su misericordia.