Jueves, 13 de Julio del 2023

Salmos 66:20

                                                                                                                                                     Día 13

Salmos 66:20 Bendito sea Dios, Que  no echo de sí mi oración, ni de mí su misericordia.

 

La oración es definida como una conversación con Dios. Es un recurso usado para expresar devoción, fe o encontrar ayuda en tiempo de desafíos.

La oración es el medio principal para hablar con Dios, y también una de las maneras que Él tiene para enseñarnos.

Cuando oramos, estamos pidiendo al Señor y confiando en su respuesta.

De este modo, aprendemos a escucharle y a esperar su contestación.

A Dios le agrada que por medio de la oración le comuniquemos nuestras alegrías y nuestros problemas, pues le interesa que confiemos en Él. 

El Padre celestial anhela tener una relación estrecha con Sus Hijos.

El tiempo dedicado a la comunicación con Dios es la mejor manera de crecer en intimidad con Él. 

David, el salmista, tenía esta experiencia en oración, dependía de esa comunicación constantemente.

Pero David también conocía que si nuestra vida no estaba ordenada conforme Dios determinaba, era imposible que Él atendiera su ruego.

Salmos 66:18 Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado.

 

Cuán importante es entender que nuestro Dios Santo, no puede alinearse o estar de acuerdo con un pecador.

El pecado nos separa de Su Presencia.

 

Es básico saber esto, puede pensar la mayoría de los creyentes, pero en la práctica muchos que se encuentran cometiendo pecados creen que Dios les escucha.

Hasta se ha hecho común decirle a personas que jamás han tenido un acercamiento a Dios, que oren que Él les escucha, debemos explicarles correctamente lo que dice en Su Palabra, para que no haya impedimentos a la hora de llamar al Cielo.

 

Por La Palabra encontraremos los obstáculos que impiden que Dios escuche nuestra oración:


  * El pecado

Isaías 59:2 pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír

El pecado, la iniquidad, las trasgresiones, desobediencias a la Voluntad de Dios, en la vida de las personas ponen un muro entre ellos y Dios. Cuando Sus Hijos pecan también se produce esa separación, no importa que se congreguen o cuanto conozcan de La Biblia, el pecado ofende la Santidad de Dios, y debido a esa barrera, ya no pueden experimentar el favor, la protección, la ayuda ni la salvación de Dios.


*La incredulidad, la falta de fe

Hebreos 11:6  Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Pero, ¿Qué es la fe? Se trata de una convicción profunda, la creencia, en la que se basa la relación del hombre con Dios, con los sentimientos de confianza y fervor que emanan del corazón de quien ama a Dios. La relación con Dios requiere fe.

En el texto bíblico se muestra una relación entre la fe y el agradar a Dios.

Ese agradar a Dios significa el causar placer al corazón de Dios


 

     

    Del mismo modo, Dios desea que nos acerquemos a Él con fe.

Es un requisito. Y es algo que agrada a Dios.

Ciertamente que la fe no es algo que tenga todo el mundo, y muchas veces se confunda con obras, o con actos de servicio a Dios,  pero eso no es fe.

La fe es asunto del corazón. De creer, de convicción, y por supuesto de acción

*La idolatría
Ezequiel 14:3 Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro. ¿Acaso he de ser yo en modo alguno consultado por ellos?

Dios condenó a los ancianos por adorar ídolos en sus corazones y luego atreverse a venir al profeta de Dios en busca de consejo.

En lo externo parecía que adoraban a Dios. Hacían visitas regulares al templo en donde ofrecían sacrificios, pero no eran sinceros.

Resulta muy fácil para nosotros criticar a los israelitas por adorar ídolos cuando era tan claro que necesitaban a Dios.

Sin embargo, también en estos tiempos, entre nosotros hay quienes tienen ídolos en sus corazones, desde imágenes a las cuales no han renunciado y recurren cuando se acuerdan o tienen “nostalgia del pasado”, hasta idolatría por el trabajo, ambiciones personales, la riqueza, su esposa/o, hijos, deportistas, artistas, etc…en sus corazones ocupan el lugar, la intensidad y el compromiso que deberían ser reservados solo para Dios. 


 *La falta de perdón

Marcos 11:25-26 Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. 26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.

Cuando vaya ante Dios en oración, pídale que examine su corazón y su mente.

Vea si hay alguna falta de perdón que esté bloqueando sus oraciones y afectando su relación con Él. La otra persona pudo haber estado mal, tal vez le hirió profundamente, pero no hay nada en esta tierra que valga la pena perder su paz y la comunión  con Dios.


·       * La mala relación entre esposos

1 Pedro 3:7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente,dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

Un esposo habita con su esposa, verdaderamente vive con ella y la honra, no  es compartir una casa solamente.

Para verdaderos creyentes la oración es tan importante que debe observar cualquier cosa que esté mal, para corregirla urgentemente, evitando que la oración sea obstruida por ello.

Pedro enseña que el varón debe obrar sabiamente aceptando a su esposa como un vaso frágil, como una Hija de Dios, claro que el respeto debe ser mutuo.

Y ante alguna discordia o pleito remite la urgencia de arreglar la situación pues para los esposos eso generaría un estorbo para que las oraciones sean recibidas por Dios.

·       * La falta de generosidad

Proverbio 21:13 El que cierra su oído al clamor del pobre, También él clamará, y no será oído.

El hecho de que el versículo nos mencione específicamente la acción de cerrar los oídos nos indica que hay una falta de interés en escuchar a los demás.

Si no estamos dispuestos a escuchar a los más necesitados, estamos dando por sentado que nuestras necesidades son más importantes que las de ellos.

De esta manera, se pierde la empatía y se construyen barreras en lugar de puentes para ayudar y hacer una diferencia en la vida de los demás.

Y esas barreras nos sólo se levantan entre personas, sino también ante Dios porque esa actitud no condice con los valores cristianos.  

Del mismo modo que no escucha, él tampoco será escuchado por Dios.

Toda desobediencia es reprobada por El Señor, aleja de Dios.

*No atender al consejo

Proverbios 28:9 El que aparta su oído para no oír la ley, Su oración también es abominable,

Dios quiere que siempre tengamos un oído abierto y atento hacia Su Palabra (la ley). El que aparta su oído para no oír la ley demuestra  no tener hambre de la Palabra de Dios, el  no prestarle atención es un signo de irrespetuosidad y  frialdad espiritual en un Hijo de Dios.

Esto debe ser un llamado de atención, cuando somos indiferentes, descuidados, irrespetuosos a la ley de Dios, esa actitud convierte nuestra oración en abominable, es decir desagrada profundamente al Señor.

 

Todos nosotros, Hijos de  Dios, podemos dar testimonio de los Hechos Poderosos de nuestro Buen Dios, y la mayoría de ellos son respuesta a nuestras oraciones.

El poder hablar con nuestro Dios Todopoderoso es un privilegio, el tener ese acceso que nos ha brindado Cristo es nuestra decisión, indudablemente Dios está siempre esperando que podamos acercarnos a orar, pero debemos quitar los obstáculos, los estorbos que quieren impedir que nuestras oraciones lleguen a Dios.

David, el salmista,  nos deja una bella enseñanza, si queremos que Dios nos escuche,

Atendamos a su testimonio y experiencia.

Y agradezcamos porque, ciertamente Dios nos escucha, atiende a nuestra súplica.

Salmos 66: 16-20 Venid, oíd todos los que teméis a Dios, Y contaré lo que ha hecho a mi alma.  17 A él clamé con mi boca, Y fue exaltado con mi lengua. 18 Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado. 19 Mas ciertamente me escuchó Dios; Atendió a la voz de mi súplica. 20 Bendito sea Dios, Que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.