Domingo, 5 de Noviembre del 2023

Salmos 68:32

                                                                                                                                                                          Día 5

Salmos 68:32 Reinos de la tierra, cantad a Dios, Cantad al Señor.


En su contexto histórico, este versículo fue escrito para invitar a los reyes y naciones vecinas a rendir respeto a Dios y aceptar Su Soberanía.

Sin embargo, para nosotros hoy en día, sigue siendo una invitación para llevar a cabo un acto de adoración genuina y sincera a nuestro Dios.

La invitación para que los reinos de la tierra canten y alaben a Dios nos recuerda que no importa cuál el nuestro origen, cultura, el lugar  donde nos encontremos.

Todos los seres humanos deberíamos estar dispuestos a alabar al Señor juntos.

Dios lo espera, espera que suceda, que naciones enteras se postren ante Su Autoridad y reconozcan Su Deidad. 


En este versículo, también podemos encontrar una lección importante en cuanto a lo que significa la adoración y cómo deberíamos aplicarla en nuestra vida. 


La adoración se puede definir como “la reverencia o respeto que uno muestra hacia algo o alguien; tener a una persona u objeto en alta estima; o dar a una persona u objeto un lugar de importancia u honor ".

Hay cientos de versículos  en La Biblia que hablan sobre la adoración y brindan orientación sobre a Quién y cómo adorar.

  • Es un mandato bíblico que adoremos a Dios y solo a Él.
  • Nuestro mandamiento es adorar porque Dios creó al hombre con ese Propósito.

Isaías 43: 7  todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.

Aquí nos dice que fuimos creados para adorarle: "todo aquel que es llamado por mi nombre, a quien creé para mi gloria, a quien formé e hice".

Salmo 95: 6 Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.

 

Es un mandato, algo que se espera de la creación al Creador. 

Nuestra adoración es importante para Dios.

 

En un contexto bíblico, la palabra hebrea para adorar es shajá, que significa deprimir, caer o postrarse ante una deidad. Es sostener algo con tanta reverencia, honor y estima.

  • Que nuestro único deseo sea postrarnos ante Él.
  • Dios específicamente ordena que el enfoque de este tipo de adoración sea a Él y solo hacia Él. 

 

Cuando aceptamos a Jesús como Salvador en nuestros corazones, pasamos a ser llamados Hijos de Dios y adquirimos una nueva identidad, donde la adoración ocupa un lugar fundamental.

Nuestra nueva naturaleza tiene necesidad de adorar, porque al hacerlo reconocemos al Dios Creador, pero también se manifiesta en plenitud nuestra Identidad como Hijos, pues Dios es nuestro Padre.

Volvernos adoradores es volver a nuestra esencia original, que vemos en Génesis, cuando Dios creó al hombre y a la mujer para caminar con Él, porque tenían  su corazón alineado al Suyo y vivían cómo a Dios le agrada, al llegar el pecado, éste entró en la humanidad, alejando el corazón de los hombres, del de Dios.


Con Cristo y Su Perdón, volvernos a ser la clase de persona que Dios está buscando.

Juan 4:23-24 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

El Señor le hizo saber que había llegado el día en el que la adoración no debía limitarse a un lugar físico, sino asumirse como un estilo de vida.

Eso es lo que  significa en espíritu y en verdad.

 

Cuando Jesús dijo que debemos “adorar en espíritu” no se refería al espíritu Santo sino a nuestro espíritu, significa, entre otras cosas, que debe partir de adentro, del corazón; debe ser una acción sincera, motivada por nuestro amor y gratitud a Dios por todo lo que es y ha hecho.

La adoración no puede ser mecánica

Fuimos creados a imagen de Dios y por tanto, somos un espíritu que reside en un cuerpo, y el diseño nuestro espíritu para que pudiéramos comunicarnos con Él.

La adoración es la respuesta de nuestro espíritu al  Espíritu de Dios.

 

Mateo 22:37-38 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento.

Cuando Jesús dijo: Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y toda tu alma, quería decir que la adoración debe ser autentica y sentida, de corazón.

No se trata solo de decir las palabras correctas; debemos creer en lo que decimos.

La alabanza que no brota del corazón no es alabanza.

Cuando adoramos, el mira más allá de nuestras palabras, observando la actitud de nuestro corazón.

1 Samuel 16:7  porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.

La Escritura afirma: “Las personas  se fijan en las apariencias, pero El Señor se fija en el corazón”.

Dios desaprueba la hipocresía, no acepta la teatralidad, ni el fingimiento, ni farsas en la adoración.

  • Quiere nuestro amor sincero y verdadero.
  • Podemos adorarlo con imperfecciones, pues todavía no estamos terminado,  pero no con falta de sinceridad.
  • Adorar a Dios no requiere una posición física específica ni palabras claves.
  • Lo que sí requiere es un corazón contrito y humillado ante la Presencia de Dios.
  • Es algo que sale del corazón y se refleja en la forma en la que nos relacionamos con Dios, cómo le hablamos y cómo nos sometemos a Su Voluntad.


Atrevámonos cada día a adorar a Dios 


ü Le adoramos con todo el corazón, en espíritu y verdad

Acercándonos Dios en oración con total sinceridad y permitiendo que nuestro espíritu conecte con el Espíritu Santo.

Dándole las gracias por Quién es Él y por lo que ha hecho por nosotros.

Hablando con Dios, debemos decirle todo lo que significa para nuestra vida.

Alabándolo por Su Grandeza y Su Poder, recordemos las cosas maravillosas que ha hecho por nosotros.

Salmos 145:1 Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre.

Expresémosle  gratitud ante Su Inmenso Amor, Su Perdón, Su Misericordia.

Abriendo  el corazón ante Él en sincera oración y adoración.


ü Adorarle con himnos y canciones de alabanza y adoración

Esta es, probablemente, la forma más conocida de adoración.

Los himnos y las canciones de adoración nos ayudan a expresar la exaltación a Dios.

Él vive en medio de las alabanzas de Su Pueblo.

Salmos 22:3 Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.

Cuando cantamos a Dios hay quebrantamiento y humillación, hay júbilo y alegría… cuando alabamos a Dios, Su Espíritu nos llena de gozo, le damos adoración y Él nos renueva.

 

ü Le adoramos pasando tiempo a solas con Él en la intimidad de la oración.

Tomemos tiempo para disfrutar de La Presencia de Dios, sea temprano en la mañana o antes de ir a dormir, o en cualquier momento del día.

Busquemos ese espacio para hablar con Dios sin interrupciones, no solo para presentarle una lista de peticiones, sino para reconocer lo que ha hecho en nuestra vida.

Salmos 51: 6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.

Expresándole  con nuestras propias palabras o en una canción lo que sentimos por Él, nos sorprenderá El Espíritu Santo cuando comienza a fluir.

Lo importante es abrir  nuestro corazón. Recordemos las bendiciones que Dios nos ha dado, Su Guía a través de los años y Su Ayuda cada día, no podremos dejar de adorarle y nos costará salir de Su Presencia.

 

ü Le adoramos tomando tiempo para leer su Palabra y escuchar Su Voz

Debemos leer la Biblia cada día, con actitud de adoración, con reverencia, prestando atención ante lo que Dios nos está diciendo.

Salmos 119: 15-16 En tus mandamientos meditaré; Consideraré tus caminos. 16 Me regocijaré en tus estatutos; No me olvidaré de tus palabras.

Dejando que Su Espíritu Santo grabe en nuestros corazones La Palabra, y no ayude a ponerla en práctica.

 

ü Podemos adorarle en grupo, unidos con nuestros  hermanos en la fe

Las reuniones congregacionales son una maravillosa oportunidad que no podemos desaprovechar. También podemos reunirnos en familia con otros Hermanos, también los jóvenes tener este precioso sentir de estar  con hermanos en la fe para adorar juntos, provocando otros espacios fuera del tiempo congregacional.

Hay algo especial cuando nos reunimos con otros que también aman a Dios para cantar juntos, orar y alabar a Dios en unidad de espíritu.

Recuerdo mis primeros años en la fe, Hermanos Mayores, Siervos Amorosos, invitaron a nuestra Familia a participar en momentos de adoración inolvidables, en esas reuniones mi Esposo recibió la Gracia de la alabanza, mis Hijos comenzaron a tocar instrumentos, luego mientras crecían, en nuestro Hogar siempre hubo alabanza, adoración y canticos nuevos, porque nuestro Buen Dios se deleitó en Su Alabanza, Su Buen Espíritu hasta hoy nos sigue inspirando.

Salmos 145:2-4 Cada día te bendeciré, Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre. 3 Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable. 4 Generación a generación celebrará tus obras, Y anunciará tus poderosos hechos.

No descuidemos el compañerismo con la Familia de la fe, hoy muchos se reúnen para comer, ver películas y compartir salidas, volvamos al buen habito de reunirnos en Familia, con Hermanos, pero para adorar a Dios, veremos que nuestra vida espiritual será fortalecida y Dios complacido, derramará más y más de Su Presencia en nosotros.

 

ü Con una vida de obediencia, le brindamos la mejor adoración.

Una gran manera de adorar a Dios es viviendo la vida de la forma que Dios quiere.

Al obedecerle le adoramos, porque reconocemos que Él es Dios y que hacer Su Voluntad es lo que agrada a nuestra alma.

Salmos 119: 17 Haz bien a tu siervo; que viva, Y guarde tu palabra.

Sometiendo nuestro corazón hallamos Su Paz  y también la victoria, porque el enemigo de nuestras almas huye delante de nosotros, cuando nuestra vida está sometida y resistiéndole en el Poder de Dios. 

 

No hay nada que brinde alegría tan rápidamente, con tal seguridad y permanencia como la Salvación de Dios.

Las naciones nunca estarán contentas, ni encontrarán gozo, mientras no sigan la guía del Buen Pastor.

Algunos cantan por costumbre, otros para exhibirse, otros por diversión.

Pero el cantar desde un corazón que rebosa de gozo y que necesita expresarlo, esto es verdaderamente cantar  y esa alabanza solo se le brinda a Dios.

Naciones enteras harán lo mismo cuando Jesús reine sobre ellas en el Poder de Su Gracia.

 

El mundo anhela, y aún anhelará más, un Gobierno Justo.

El Señor ha prometido proporcionar esta necesidad natural del corazón humano, aunque Dios en Su Justicia se vengará de sus enemigos, aquellos que no creyeron y me mantuvieron endurecidos.

Aun cuando El Señor vuelva para Juicio, la Bondad va a triunfar finalmente sobre las naciones, de modo que estemos alegres y cantemos con gozo.

Los hombres ahora viven sin Dios en el mundo, por muchas que sean las pruebas de Su Amor... y las tantas oportunidades de perdón  que les brinda.

Qué maravilloso cambio habrá cuando cada círculo social se convierta en una comunidad de santos redimidos, y todos prestos a un Gran Propósito: Darle Gloria y Alabanza por la eternidad.  

 

Todas las vidas  han sido creadas para darle adoración al Creador.

Dios aguarda que las almas vuelvan a Él y le brinden la alabanza debida a Su Nombre.

Nosotros hemos sido redimidos aceptando a Jesús en nuestros corazones.

Somos Hijos de Dios, en nuestra nueva identidad, la adoración ocupa un rol fundamental.

Sus Siervos serán distinguidos por la mucha alabanza, el mucho celo, la mucha reverencia y humildad.

La Fe, la Esperanza y el Amor se hallarán en su ejercicio más pleno.

Cristo será El Todo en todos, y cada potencia será consagrada a Él.

 

Vivimos rodeados de Su  Gloria y alcanzados por Su Favor a cada paso.

Que todo aquel que no le conoce llegue a Sus Pies, es una tarea que Dios encomendó a Su Pueblo, debemos compartir las Buenas noticias del Evangelio.

Y no hay mejor manera de mostrarlo que con nuestro testimonio.

Vivamos nuestras vidas como un acto de adoración a Dios.

Romanos 8:29 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.