Salmos 97:11
Día 6
Salmos 97:11 Luz está sembrada para el
justo, Y alegría para los rectos de corazón.
Desde el salmo noventa y tres encontramos la frase “Dios reina”.
Lo subrayan el noventa y cinco, noventa y seis,
este noventa y siete que vamos a meditar este día, noventa y ocho, noventa y nueve
y el cien.
Todos estos salmos tienen como
finalidad enfatizar que Dios reina.
Entre el Pueblo de Israel la idea de un Dios que
gobernaba por encima de todas las naciones era una enseñanza que debía retener
y para ello era necesario o indispensable la repetición de esa verdad que
servía para afrontar la realidad que enfrentaran.
Con suma facilidad se nos olvida que hay Quien controla
todas las cosas, cuando la adversidad, los problemas y dificultades se
multiplican.
Esta serie de salmos sirven para recordarnos que
este mundo y en consecuencia nuestra vida, no se gobierna por sí sola o
accidentalmente.
Siempre hay Alguien en control de todo, Es Dios.
Este salmo tiene como finalidad mostrarnos la
manifestación de Dios en la naturaleza.
Solo el Pueblo Judío puede testificar que el Dios
del cielo y la tierra los visitó en la antigüedad.
En el monte Sinaí, el Señor se manifestó con todo Su
Poder y eso es lo que describe este Salmo en sus primeros seis versos.
Salmos 97:1-6 Jehová reina; regocíjese la tierra, Alégrense las muchas
costas. 2 Nubes
y oscuridad alrededor de él; Justicia y juicio son el cimiento de su trono. 3 Fuego irá delante de él, Y
abrasará a sus enemigos alrededor. 4 Sus
relámpagos alumbraron el mundo; La tierra vio y se estremeció. 5 Los montes se derritieron
como cera delante de Jehová, Delante del Señor de toda la tierra. 6 Los cielos anunciaron su
justicia, Y todos los pueblos vieron su gloria.
Esta descripción corresponde al día cuando Dios les
entregó la Torá en el monte Sinaí. En esa ocasión Dios descendió sobre la
tierra y mostró Su Grandeza e Inmenso Poder, de tal manera que los judíos
quedaron completamente pasmados, anonadados e impresionados que le pidieron a
Moisés que solo él tratara con el Señor.
El relato de ese día quedó plasmado en el libro de
Éxodo 19: 16-19 Aconteció que al tercer día,
cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre
el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que
estaba en el campamento. 17Y Moisés sacó del campamento al
pueblo para recibir a Dios; y se detuvieron al pie del monte.18 Todo el monte Sinaí
humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía
como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera. 19 El sonido de la
bocina iba aumentando en extremo; Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz
tronante.
El autor del Salmo noventa y siete lo retoma para
mostrar la clase de Dios que los hebreos tienen y que Su Reinado es Sin Igual, Incomparable
y Grandioso.
Tan solo una muestra, una pequeña muestra de su Inmenso
Poder, los dejó perplejos y hasta asustados y por eso al recordar ese glorioso
evento el salmista les dice que Dios se manifiesta no para infundir miedo.
La manifestación de Su Presencia la hace para
separar, distinguir y dividir a quienes siguen a otros dioses y a quienes lo
aman.
El sentido del Salmo es justamente mostrar a Dios
con todo Su Poder y catalogar con toda precisión quienes son sus adversarios y
quienes son los que le aman.
·
Cuando Dios se manifieste no debemos avergonzarnos
Del verso siete al verso nueve encontramos las siguientes palabras del
salmista:
Salmos 97:7-9 Avergüéncense todos los que sirven a las imágenes de
talla, Los que se glorían en los ídolos. Póstrense a él todos los dioses.8 Oyó Sion, y se alegró; Y
las hijas de Judá, Oh Jehová, se gozaron por tus juicios. 9 Porque tú, Jehová, eres
excelso sobre toda la tierra; Eres muy exaltado sobre todos los dioses.
La Presencia de Dios en el monte Sinaí supuso el
fin de la idolatría entre el pueblo de Israel, pero ocurrió justamente lo
contrario, luego de recibir los diez mandamientos Moisés fue requerido por Dios
de nueva cuenta en el monte Sinaí para recibir la Torá hebrea y durante su
ausencia los israelitas se hicieron un becerro de oro.
La palabra “avergüéncense”
procede de la raíz hebrea “bosh” y
significa confusión, ridículo y pena.
Esa sería la experiencia que tuvieron y vivieron
los judíos, en relato que el libro de Éxodo hace cuando Moisés retornó de su
encuentro con Dios en el monte Sinaí, ya que fueron grandemente reprendidos.
Éxodo 32: 30-35 Y aconteció que al día
siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero
yo subiré ahora a Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado. 31 Entonces volvió Moisés a Jehová, y
dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron
dioses de oro, 32 que perdones ahora su pecado, y si
no, ráeme ahora de tu libro que has escrito. 33 Y Jehová respondió a
Moisés: Al que pecare contra mí, a este raeré yo de mi libro. 34 Ve, pues, ahora,
lleva a este pueblo a donde te he dicho; he aquí mi ángel irá delante de ti;
pero en el día del castigo, yo castigaré en ellos su pecado.
·
Si le amamos, debemos aborrecer el mal
Salmos 97:10-12 Los
que amáis a Jehová, aborreced el mal; Él guarda las almas de sus santos; De
mano de los impíos los libra. 11 Luz
está sembrada para el justo, Y alegría para los rectos de corazón.12 Alegraos, justos, en
Jehová, Y alabad la memoria de su santidad.
Aquí el salmista hace una clara diferenciación
entre aquellos que no aman al Señor y se dejan seducir por los ídolos y
aquellos que aman al Señor.
Quienes amamos al Señor aborrecemos el mal.
La palabra aborrecer tiene la idea de odiar la
iniquidad.
Los que aman al Señor son santo, justos, y rectos
ante Dios.
Para ellos que han renunciado a toda clase de
ídolos y se han propuesto amar al Señor Dios le recuerda algunas promesas:
·
Que sus almas serán guardadas por Dios.
Al final de cuentas lo más valioso es nuestro ser
interior y no el cuerpo.
·
Les promete también que serán librados de la mano
de los impíos.
Su protección está asegurada a toda aquel que deja
que Dios reine en su vida.
El verso once merece una atención especial porque
es una promesa para los justos, piadosos, compasivos, los corazones rectos que
se dejan dirigir por Dios:
Luz está sembrada para el justo, y alegría
para los rectos de corazón.
·
Hay una Luz, la Luz de Dios, no la luz natural,
sino aquella que Dios ha establecido desde la eternidad para quienes caminan
con Él.
·
En un mundo lleno de oscuridad que intenta que no
sea efectiva esta promesa, las palabras
del Salmista, nos hacen confiar en el Señor porque junto con Luz, que disipará
toda tiniebla, nos asegura alegría, alegría entre tanta y tanta maldad como
injusticia.
·
La alegría es un don que Dios ha dejado reservado
para todos los que no se doblegan ante los ídolos y siguen el Camino verdadero
de Salvación, Jesucristo el redentor que Dios del Cielo ha enviado para
rescatar a la humanidad perdida en la más densa oscuridad.
·
Cristo es la Luz, que se siembra en los corazones,
de aquellos que hemos sido hechos justos por Él, justificados al creer, el corazón
no puede otra cosa que alegrarse, por el presente glorioso, y por el futuro
esperanzador, de cada semilla de fe, que La Palabra de Dios ha depositado en
ellos.
Para culminar les comparto una reseña del sermón de
Charles Spurgeon
referente a estas bellas promesas
Luz está sembrada
para el justo, Y alegría para los rectos de corazón.
La justicia es a menudo costosa para el hombre que
la guarda a pesar de todos los riesgos, pero al final cubrirá sus propios
gastos, y producirá una ganancia infinita.
Una vida santa es como sembrar la semilla: mucho es
desparramado y aparentemente queda enterrado en el suelo, para no ser recogido
nunca más.
Estamos equivocados cuando esperamos una cosecha
inmediata; pero el error es muy natural, pues parece imposible enterrar a la
luz.
Sin embargo, la luz está “sembrada”, dice el texto.
Yace latente: nadie puede verla.
Estamos completamente seguros que un día ha de
manifestarse.
Estamos plenamente seguros que el Señor ha
establecido una cosecha para los sembradores de luz, y ellos la segarán, cada
hombre para sí.
Entonces vendrá su alegría. Gavillas de gozo por
semillas de luz.
Su corazón era recto delante de Dios, aunque los
hombres no les daban crédito por ello, sino que incluso los censuraban: eran
justos, aunque quienes los rodeaban los denunciaban como severos.
Ellos tenían que esperar, como el labrador espera
el precioso fruto de la tierra: pero la luz fue sembrada para ellos, y la
alegría estaba siendo preparada en su nombre por el Señor de la cosecha.
¡Valor, hermanos! No necesitamos tener prisa.
Poseamos a nuestras almas en paciencia, pues pronto nuestras almas poseerán luz
y alegría.